Javier
Hermanos. Dios les bendiga.
Me gustaría compartir un testimonio para darle toda la gloria y la honra a nuestro Señor Jesucristo.
Como familia estamos atravesando una situación económica complicada. Hace aproximadamente un mes, durante la dirección de los diezmos, nuestro pastor nos recordó que muchas veces, cuando tenemos menos, tendemos a dar menos; sin embargo, nos animó a permanecer fieles al Señor, aun en los momentos de escasez.
Ese día mi esposa me miró y me dijo: “Debemos seguir siendo fieles en nuestros diezmos”. Y así lo hemos hecho, confiando en la provisión y la fidelidad de Dios.
Hace unos quince días le comenté que me gustaría cambiar la televisión de la sala, porque la que tenemos ya empezaba a fallar. Ella, con mucha sabiduría, me respondió que en ese momento no era una prioridad y que debíamos esperar.
Para sorpresa nuestra, la semana pasada mi jefe me llamó a su oficina y, sin que yo le hubiera comentado nada, me dijo que quería regalarme una pantalla.
Cuando regresé a casa con la televisión en el automóvil, tuve que abatir los asientos para que pudiera caber, era una pantalla de 65 pulgadas. Al verla ahí, no pude evitar pensar en la bondad de Dios. Más que recibir una televisión, sentí que el Señor estaba mostrando que Él conoce hasta los anhelos más sencillos de nuestro corazón y que sigue cuidando de nosotros, aun en medio de las dificultades.
Este testimonio no lo comparto para hablar de una pantalla, sino para exaltar la fidelidad y realidad de Cristo. Él nos recuerda que vale la pena confiar, permanecer fieles y descansar en Su perfecta voluntad y provisión.
Toda la gloria sea para nuestro Señor Jesucristo. Él nunca deja de ser bueno y siempre llega en el momento perfecto. ¡Amén!

